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COLECCIÓN DE CUADERNILLOS DE MUJERES SINDICALISTAS

Cuadernillo Nº 1

Mis queridas compañeras:

Aquí estamos, en un breve lapso de tiempo de la gran historia de las mujeres argentinas, las Mujeres Sindicalistas nos inscribimos como una herramienta de lucha. Somos las que queremos un mundo mejor, un mundo más justo e igualitario, una patria libre y soberana. Somos las que sabemos mejor que nadie que no nos se realizaremos en una sociedad que no se realiza.

Queremos participar, queremos dar las batallas que sean necesarias, y para eso, necesitamos aunar ciertos criterios, tener ciertos puntos de partida en común. Retomando las demandas de las cientos de compañeras que participaron en nuestros primer y segundo Encuentro de Mujeres Sindicalistas de Moreno y de Exaltación de la Cruz, ofrecemos este aporte para la formación e información. Este cuadernillo es una herramienta más para dar las batallas necesarias en nuestros lugares cotidianos: el trabajo, la casa, la calle, el sindicato. No es la única, ni será la última.

Trabajamos junto a Atenea en la conformación de un material de lectura, que esperamos y deseamos sea de consulta constante, para trabajar al interior de las organizaciones sindicales, de los lugares de trabajo, de los hogares. Este material tiene un recorrido por distintos ejes, que me gustaría introducirles:

“Mundo Laboral, Sindicalismo y Participación Política” Así se llama nuestro cuadernillo, y esos son los lugares de plena participación de Mujeres Sindicalistas. Comenzamos introduciendo el análisis de la participación de las mujeres en el mundo laboral. Si bien se habla de estadísticas referidas a un momento particular en la publicación del mismo, nos sirve de puntapié para tener presente siempre puntos clave que deberemos ir actualizando: el techo de cristal, las diferencias salariales, la carga de trabajo, la doble jornada laboral, la feminización de la pobreza, por citar algunos.

Las mujeres también hacemos política, y en ese hacer, la militancia se consolida en espacios de poder y de conducción del estado, pero ¿cómo se cristaliza la participación femenina en los tres poderes del mismo? También algunos datos estadísticos para analizarla.

Siempre decimos que estamos aquí, como fruto de las luchas de otras que estuvieron antes, como un pequeño homenaje entonces, en la última parte del cuadernillo, breves minutas de grandes mujeres que nos antecedieron, como una manera de tentar a quienes las lean, para que sigan investigando sobre la fabulosa incursión de las mujeres sindicalistas a lo largo de la historia.

Ahora si compañeras, que lo disfruten, este cuadernillo es suyo, es nuestro. Márquenlo, estúdienlo, compártanlo.

Fuimos semilla, florecimos, ahora nos toca crecer y organizar, para un país mejor, ¡más mujeres en todos lados!.

Cuadernillo Nº 2

Las mujeres, el trabajo y la comunidad organizada:

En esta edición, analizamos la desigualdad de género en el trabajo, usando datos de la EPH del INDEC. Exploramos cómo los estereotipos de género y la socialización diferencial perpetúan estas brechas, y destacamos las limitaciones de las estadísticas oficiales al excluir otras identidades de género.

En esta nueva edición del cuadernillo de formación, nos proponemos seguir profundizando en los debates en torno a la desigualdad de género en el mundo laboral. Iremos desarrollando conceptos y analizando datos elaborados con fuentes oficiales, en particular a través de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que se publica de forma trimestral por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). En relación a las fuentes, cabe aclarar que las mismas presentan una limitación: si bien nos permiten elaborar un análisis del mundo laboral para varones y mujeres, éstas categorías son definidas en términos de sexo biológico, resultando dicotómicas y excluyentes de otras identidades de género reconocidas dentro de la ley número 26.743 “Ley de Identidad de Género” y es para nosotras un dato más sobre cómo esas disidencias son nuevamente silenciadas, en esta oportunidad por los datos oficiales.

DESIGUALDAD de GÉNERO tiene una sólida base en los estereotipos que la sostienen a lo largo de la historia. Los roles tradicionalmente asignados a los varones son propios del estereotipo masculino basado en un conjunto de rasgos que se consideran requeridos para el desempeño de sus tareas laborales: racionalidad, energía, fuerza. Para el caso de las mujeres, las cualidades que propone su estereotipo son la amabilidad, la calidez, la contención, el orden, todas adjetivaciones vinculadas con el cuidado.

Entonces, ya desde los inicios de nuestra socialización algunas personas están orientadas hacia el trabajo productivo y otras al cuidado y la reproducción. El estereotipo femenino se vincula con la protección e incluso está íntimamente vinculado con el amor, Por eso continúa siendo habitual que a los niños se les regale camiones, espadas, armas, o herramientas y a las niñas tablas de planchar, bebés y cocinas. Esto es lo que se conoce como socialización diferencial entre niños y niñas. A futuro se reproducen estos roles en la sociedad o se espera que luego puedan reproducir parte de estos patrones socialmente aceptados.

Dicho todo esto y al contar solo con datos que dan cuenta de la realidad de varones y mujeres, proponemos realizar el análisis de la desigualdad de género en el mundo del trabajo bajo tres dimensiones: el TRABAJO NO REMUNERADO, el MUNDO LABORAL y el ESTADO. Estas dimensiones nos permiten ver las tres instancias en donde identificamos que persiste y se reproduce la desigualdad de género (entre varones y mujeres), producto de la vigencia de los estereotipos analizados, pero también, nos permiten verificar cuales son nuestras posibilidades de volver estas relaciones más justas y equilibradas, sabiendo donde deberemos plantearnos las estrategias de abordaje.

Cuadernillo Nº 3

Trabajo, cooperación y solidaridad:

El presente trabajo es producto de un proceso colectivo que se inició durante el año 2019 y finalizó durante el curso de la pandemia mundial por COVID-19. Las evaluaciones y proyecciones que se vierten en el mismo pueden verse alteradas con motivo de esta situación extraordinaria. Sin embargo, creemos que todo el material condensa nociones que son pertinentes y acertadas también en estas circunstancias

En todos los encuentros de Mujeres Sindicalistas, y en todas las charlas que surgieron de los cuadernillos anteriores sobre repensar el mundo laboral como un espacio atravesado por la desigualdad, expresamos que el trabajo dignifica la vida y nos ayuda a vivir en sociedad como un gran ordenador social. Estas cuestiones subyacen a nuestras condiciones de vida, trabajo y posibilidades de desarrollo en los ámbitos laboral, sindical y político, entre otros. De estos debates, surgió un tema en común que atraviesa a todas las mujeres: la conciliación entre la vida laboral y familiar, los obstáculos que enfrentamos, la falta de políticas públicas y esa mezcla de amor y sujeción por parte de la sociedad que nos vincula de forma permanente y, a la vez, la invisibiliza.

No es azaroso que todas las mujeres vinculen al cuidado como el eje central, por eso nos encontramos en la necesidad de transcribir desde nuestras experiencias de mujeres trabajadoras y sindicalistas, no solo visibilizando a quienes cuidamos y quienes cuidan, o qué tipo de trabajos implican cuidado, sino también para debatir e impulsar la incorporación de este tema en nuestras agendas y lograr que sea una prioridad para el ESTADO, ya que tenemos en nuestras manos el cuidado de nuestros adultos mayores y de quienes más lo necesitan para mantener una sociedad estable, garantizar el bienestar físico y emocional cotidiano de las personas, y sobre todo, cuidar del futuro de nuestro país, que son nuestros menores.

Las Mujeres Trabajadoras organizadas seguimos trabajando para el fortalecimiento de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y así legitimar el trabajo decente. Vamos a dar esta disputa por el valor (simbólico, monetario y real) que tiene el trabajo de cuidados para la soberanía política y económica de nuestro pueblo, entendiendo que esta debe ser una tarea de todos. Reconocemos al “cuidado” como el nudo crítico de las desigualdades de género que impacta directamente en las mujeres. Por eso, desde el espacio de Mujeres Sindicalistas deseamos que este material sea útil para la formación y el esclarecimiento de la temática, así como para generar acciones concretas en cada una de nuestras organizaciones sindicales, y poder aportar colectivamente al pleno desarrollo de la soberanía política y económica de nuestra Nación, que no es ni más ni menos que la búsqueda de la justicia social.

Cuadernillo Nº 4

Toda la vida luchando por el tiempo:

En Argentina, se discuten proyectos para reducir la jornada laboral sin bajar salarios, buscando mejorar la calidad de vida, generar empleo y redistribuir las tareas de cuidado, mayormente asumidas por mujeres. La propuesta apunta a adaptar las relaciones laborales a los avances tecnológicos y garantizar derechos fundamentales.

Hoy, el debate sobre la reducción de la jornada laboral se está dando a nivel mundial. Numerosos países se encuentran ensayando o discutiendo proyectos de reducción de la jornada, con diferentes matices.

En nuestro país, se han presentado en la Cámara de Diputados de la Nación cinco proyectos de ley en este sentido. Una de las principales motivaciones para reducir la jornada, sin disminuir los salarios, es mejorar la calidad de vida de las personas que trabajan, a la vez que se fomente la redistribución del trabajo existente y, en consecuencia, la creación de nuevos puestos de trabajo en áreas específicas. Desde ya, la reducción de la jornada no es suficiente. Para generar más ocupación, necesitamos un proyecto económico —y, en definitiva, un proyecto de país— que apunte al crecimiento y desarrollo con una redistribución equitativa del ingreso.

En Argentina —que, dicho sea de paso, tiene una de las jornadas más extensas— el límite de 8 horas diarias y 48 semanales está próximo a cumplir un siglo de vigencia (la Ley 11.544 data de 1929). Hagamos el ejercicio de pensar cuánto cambiaron en ese tiempo las formas de producción, la cantidad de transformaciones tecnológicas que se produjeron, y preguntémonos: ¿quiénes han sido los beneficiarios de esos progresos? La respuesta surge inmediatamente: el sector del capital, generando mayores utilidades. Pero, ¿no somos las trabajadoras y trabajadores autores, en gran medida, de esas mejoras en la tecnología? Si el mundo del trabajo se transforma, si los modos de producción cambian, también deben transformarse las relaciones laborales y la distribución de los beneficios.

Los distintos proyectos de reducción de la jornada laboral llevados adelante en el mundo han mostrado una mejora efectiva en la calidad de vida de las personas. Sumado a esto, se favorecerá una mayor y mejor distribución de las tareas de cuidado, que hoy en día recaen casi de manera exclusiva sobre las mujeres, habilitando así nuevas o mejores posibilidades laborales para las trabajadoras que hoy cargan con una doble jornada. También propiciará el acceso de las mujeres a roles históricamente reservados a los varones y la posibilidad de una mayor participación en los espacios de toma de decisión y conducción.

Sabemos que se van a generar fuertes discusiones frente a esta propuesta. Algunos dirán que “no es el momento” (para ciertos sectores nunca es el momento de impulsar nuevos derechos laborales…), no obstante, es necesario dar el debate. El camino puede ser largo, y la primera batalla que debemos ganar es la conceptual: que mejorar la calidad de vida de trabajadoras y trabajadores, en consonancia con los progresos científicos y tecnológicos, y compartir socialmente esos avances, constituye un derecho humano. La reducción de la jornada laboral, como todo derecho conquistado, será fruto de la lucha y militancia de todos los días.

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